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El suicidio no es romántico

Un tema muy actual  que requiere una constante madura reflexión. Lo que está en juego es la vida de personas concretas que hay que ayudar con mucha caridad y paciencia.

POR FERNANDO RODRÍGUEZ-BORLADO · P

De: http://sobrelamarcha.aceprensa.com/el-suicidio-no-es-romantico/

Michelle Carter tiene ahora 20 años. Hace tres fue la última persona en hablar, a través de mensajes y llamadas, con Conrad Roy, su novio, minutos antes de que este se suicidara inhalando monóxido de carbono en su coche. Él ya había mencionado la idea de quitarse la vida, e incluso alguna vez propuso a Carter hacerlo juntos, “como Romeo y Julieta”.

Ahora Carter está siendo juzgada por homicidio. La acusación pide para ella 20 años de cárcel por presionar a Conrad para que se suicidase. La defensa lo ve de forma diferente: el chico ya había tomado su decisión; es un hecho trágico, pero no un asesinato.

La lectura de los mensajes intercambiados por ambos es escalofriante, pero no deja claro quién tiene razón. Por un lado, los textos revelan que Carter animó a Conrad a llevar a cabo su plan, dándole instrucciones sobre cómo hacerlo y disuadiéndole de echarse atrás, incluso cuando este, minutos antes de morir, salió del coche atemorizado: “vuelve dentro”, “si no lo haces ahora, no lo harás nunca” fueron las terribles palabras de ella. También parece evidente que, aunque Carter no compartía la idea del suicidio a lo “Romeo y Julieta” (“No, nosotros no vamos a morir” fue lo que contestó a la sugerencia de Conrad), sí veía en toda la historia un halo romántico: quizás, como han testimoniado algunos de sus amigos, le tentaba ser la heroína en esta tragedia. Siempre se había sentido ignorada por los demás. En cambio, Conrad le manifestaba una gran dependencia emocional, agravada por sus tendencias depresivas y por el narcisismo de ella, que también se medicaba contra la depresión. Por primera vez, Carter se sentía importante, y sus palabras seguramente empujaron a Conrad al suicidio.

Sin embargo, otros mensajes revelan una cara distinta de la historia. Carter aconsejó a su novio que buscase ayuda médica para tratar su depresión: “si les das una oportunidad pueden salvarte la vida”. Él contestó que “no podía mejorar” y que ya había tomado su decisión. Después de la muerte de Conrad, Carter se sentía culpable. Pensaba que no le había ayudado lo suficiente, pero a la vez señalaba un cierto carácter compasivo en su actuación: “le dije que volviera al coche –explicaba a una amiga– porque sabía que al día siguiente volvería a intentarlo, y no podía dejarle vivir así más tiempo, no podía hacerlo, no le abandonaría”.

El caso de Carter y Conrad ha generado mucha expectación mediática. Tiene todos los ingredientes para hacerlo: dos chicos jóvenes, una historia de amor, un final trágico. Sin embargo, bajo esta apariencia de excepcionalidad se esconde la triste y compleja realidad de la mayoría de casos de suicidio, donde no es fácil separar los deseos de los miedos, la compasión de la coacción. También cuando, en vez de ser un joven que se quita la vida en un coche mientras habla con su novia, se trata de un anciano que pide a su doctor que le mate porque no encuentra sentido a seguir viviendo, o porque se considera una carga, o por una mezcla de todo, que es lo más habitual. “Tendría que haberle ayudado más”, decía Carter a una amiga. Que sus palabras sirvan como ejemplo.

Written by Rafael de la Piedra