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La resurrección y la muerte del ateísmo

Un buen artículo del Padre Dwight Longenecker. La pregunta que se hace es: Si Jesús resucitó de los muertos. ¿Cómo prueba que Dios existe?

http://es.aleteia.org/

Puedes tener tus cinco argumentos filosóficos de la existencia de Dios. Si para ti van bien, pero siempre he pensado que los cinco argumentos filosóficos de la existencia de Dios son demasiado filosóficos y polémicos.

A los ateos les gusta decir: “¿Dónde está la prueba de la existencia de Dios?”, y los argumentos filosóficos no son una prueba en cuanto tal. Funcionan bastante bien, pero son ejercicios mentales abstractos. Cuando oigo a los ateos decir que quieren pruebas, les respondo preguntando: “¿Qué tipo de pruebas quieres?” Extrañamente, parecen desconcertados a mi pregunta.

Y entonces respondo por ellos: “¿Quisieras pruebas médico legales? ¿Pruebas documentales? ¿Pruebas arqueológicas? ¿Pruebas botánicas o biológicas? ¿Quisieras pruebas fotográficas? ¿Pruebas lógicas? ¿Pruebas históricas? ¿Pruebas de testigos oculares? ¿Pruebas legales?” Todas estas formas de pruebas de la existencia de Dios existen, pero antes tenemos que usar algunos de esos ejercicios mentales filosóficos.

Si Dios no existe, entonces el orden natural debe ser un sistema cerrado, quiere decir que debe operar en base a las reglas de la naturaleza. No se admiten los milagros, porque un milagro querría decir que existe una fuerza exterior a la naturaleza y, por lo tanto, independiente y más grande a la naturaleza.

Si existe un único milagro, sin embargo – y se necesita sólo uno -, entonces la naturaleza no es un sistema cerrado y existe una fuerza más grande que la naturaleza y externa a ella. Si ese milagro es inteligible, o tiene sentido, entonces la fuerza que es más grande que la naturaleza es inteligente, y si es inteligente es más que una fuerza, es una personalidad. La fuerza, si lo quieres, tiene un rostro.

El único milagro que los cristianos reivindican más allá de todos los demás es la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Los argumentos para la existencia de Dios son mucho más interesantes cuando comienzan con la prueba de la resurrección.

Las conversaciones con los ateos deberían iniciar con ese milagro, y las discusiones sobre ese presunto milagro de hace dos mil años se vuelven rápidamente muy interesantes.

Cuando se consideran las afirmaciones por las que Jesucristo resucitó de entre los muertos, existen sólo tres opciones: primero, que no se haya muerto y que la “resurrección” sea sólo una forma de reanimación; segundo, que se haya muerto, pero luego sucedió algo por eso su cuerpo desapareció; tercero, los testigos de la resurrección han sido engañados, o ellos mismos engañaron a los demás.

Si Jesús no se murió realmente, entonces tenemos que suponer que los verdugos romanos profesionales (que realizaron su trabajo en público) hayan hecho un desastre.

Tenemos también que creer que los enemigos de Jesús, que estaban ahí para asegurarse que estuviera muerto, se hubieran equivocado. Tenemos además que creer que tras haber sido azotado con látigos que le arrancaron la carne y haber sido clavado en una cruz, Jesús haya sobrevivido incluso a la lanza que le atravesó el corazón por parte de un verdugo experto.

Aunque hubiera sobrevivido, tenemos que creer que más o menos un día después estuviera lo suficientemente fuerte para empujar una roca que pesaba varias toneladas y caminar desnudo por el jardín. Y sus discípulos viendo a ese hombre hubieran gritado: “¡Es la resurrección! ¡Iniciamos una nueva religión!” ¿Si hubieras visto que un amigo tuyo, destruido y sangrando, hubiera sobrevivido de alguna manera a la crucifixión no habrías llamado a una ambulancia?

Si Jesús se murió, por otro lado, tenemos que rendir cuentas de lo que sucedió con su cuerpo. ¿Sus discípulos se lo robaron?

¿Por qué lo habrían hecho? ¿Para fingir un milagro en el que nadie hubiera creído? Dos días antes huían como conejos espantados y ¿ahora se reunieron para planear una misión: un golpe imposible? ¿Los perros se comieron el cuerpo de Jesús sobre un cúmulo de basura? No coincide con lo que sabemos sobre las costumbres de sepultura judía, y además sobre esto la historia dice claramente que los amigos de Jesús pidieron su cuerpo y que les fue entregado.

¿Los discípulos fueron a la tumba equivocada? ¿No habrían dicho sólo “Ups, tumba equivocada” en lugar de “Ha resucitado de entre los muertos?” ¿No fue realmente crucificado Jesús? ¿Todos sus enemigos estaban listos para capturarlo; se habrían dejado engañar por un falso?

La única otra opción es que los discípulos hayan sido engañados o ellos mismos hubieran engañado. ¿Qué fue de ellos, y de otros cientos de personas que dijeron haber visto a Jesús vivo? ¿Se encontraron para ponerse de acuerdo sobre la historia que contarían? Si es así, estaban muy retorcidos. En este caso, ¿se habrían mantenido fieles a su mentira al punto de estar dispuestos a ser torturados y morir por ella? ¿Tú lo habrías hecho?

Frente a estos argumentos aplastantes, la mayor parte de los ateos se limita a encogerse de hombros y decir: “Bueno, existen muchas cosas extrañas en el mundo para las que no tenemos respuesta”. Pero esto no funciona. El peso de la historia y las pruebas recogidas requieren un veredicto. Si los ateos piden pruebas y estas se ofrecen, entonces se debe exigir una reacción.

¿Recuerdas que he hablado de pruebas botánicas, biológicas, históricas, forenses, fotográficas, científicas, físicas y arqueológicas de la resurrección?

Sería la Sábana Santa de Turín, y requeriría un artículo más extenso que este.

El padre Dwight Longenecker fue evangélico, luego anglicano y ahora es sacerdote católico. Su página web es dwightlongenecker.com

Written by Rafael de la Piedra