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Sangre, una extraña imagen fotográfica, restos terrosos… la Sábana Santa, de nuevo a examen 197473_0_0 Full view

Sangre, una extraña imagen fotográfica, restos terrosos… la Sábana Santa, de nuevo a examen

El 19 de abril se inauguró en la Catedral de Turín la ostensión de la Sagrada Sindone con ocasión del bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco.

Emanuela Marinelli/La Nuova Bussola Quotidiana/Il Timone

La ostensión durará hasta el 24 de junio y tres días antes de la clausura el Papa Francisco irá en peregrinación a Turín. Con el fin de concretar la situación en que se hayan los estudios científicos sobre el Sagrado Lino y recordar el significado que éste tiene para los fieles, publicamos [en La Nuova Bussola Quotidiana] el artículo de la sindonóloga Emanuela Marinelli incluido en el dossier dedicado a la Sindone publicado por Il Timone.

El hallazgo arqueológico más estudiado del mundo, la reliquia más valiosa de la Cristiandad: estamos hablando de la Sagrada Sindone, la venerada sábana que estará expuesta de nuevo en la Catedral de Turín desde el 19 de abril al 24 de junio de este año, en el bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco.

¿De dónde viene este antiguo lino? ¿Quién es el hombre, salvajemente masacrado, que ha dejado su huella en él?

La Sindone (del griego Sindon, sábana), ¿es de verdad el sudario fúnebre de Jesús de Nazaret, como afirma la tradición, o es el testimonio de un atroz delito, perpetrado para realizar una falsa reliquia?

Para responder a estas inquietantes preguntas los científicos investigan esta enigmática sábana desde hace más de cien años.

La datación de radiocarbono

La prueba que ha suscitado más sensación ha sido la de la datación por radiocarbono. Esta prueba, realizada en 1988 con el método del 14C, fechaba la reliquia entre el 1260 y el 1390 d.C. Muchos científicos eran contrarios a que la Sindone fuera sometida a este método debido a la particularidad de la pieza, que ha tenido muchas peripecias y ha sido contaminado por muchas sustancias. Mohos, hifas de hongos, humo de velas, sudor, incendios, agua, contacto con tejidos más recientes y restauraciones pueden haber alterado notablemente el lino, comprometiendo la validez de la prueba radiocarbónica.

En cambio, la Sindone puede remontarse perfectamente a la época de Jesús: en la necrópolis de Antinoe (Alto Egipto, principios del siglo II d.C.) se han encontrado tejidos análogos.

La Sindone mide 442cm por 113 cm. Los hilos utilizados para realizarla fueron hilados a mano; de hecho, presentan un diámetro variable. También la trama del tejido es irregular al haber sido realizado en un telar manual con pedal. La trama tiene forma de “espina de pescado” (3/1), que forma “tiras” que tienen una anchura de 11 mm.

La tela sindónica está formada por una gran banda de tejido, de una anchura de poco más de un metro, a la cual se le ha añadido una tira de una anchura de unos 8 cm que en origen formaba parte de la misma tela. Sin embargo, dicha tira es más corta que la Sindone: por un lado en unos 16cm y por el otro en unos 36 cm; en estas zonas es por lo tanto visible la tela de soporte sobre la que está cosida la reliquia.

Los restos del incendio

Dos claras líneas oscuras recorren la Sindone en toda su longitud: son los efectos de un incendio que estalló en la noche entre el 3 y el 4 de diciembre de 1532 y en el que la sábana corrió el riesgo de acabar destruida. En esa época el sagrado lino se conservaba doblado en un relicario de madera recubierto de plata, en la Sainte Chapelle del Castillo de Chambéry, entonces capital del Ducado de Saboya.

El incendio dañó el relicario, causando la aparición en la Sindone de dos líneas oscuras en sentido longitudinal y algunos agujeros simétricos, que fueron sucesivamente recubiertos con parches triangulares, aplicados por las Clarisas de Chambéry en 1534 quienes, además, fijaron la reliquia sobre una tela de Holanda. En 2002 se quitaron todos los remiendos, se dejaron al descubierto los agujeros y se sustituyó la tela de Holanda con una nueva tela de soporte.

Los circulitos en forma de L

En las dos líneas paralelas de carbonización se entrevén las trazas de otro incendio en forma de cuatro grupos de pequeños círculos oscuros, cada uno formado por cuatro agujeros en forma de L. La Sindone debió estar doblada en cuatro cuando se verificó este daño.

Entre las dos rayas oscuras, pero también en el exterior de las mismas, hay alguna vaga huella con forma de rombo o semi-rombo: son cercos formados por materiales que el agua ha transportado de zonas mojadas precedentemente, hasta el punto en que se han detenido.

En la zona entre las dos rayas oscuras se distingue, si bien de manera muy leve, la doble huella, frontal y dorsal, de un cuerpo humano martirizado. Esta doble imagen humana, frontal y dorsal, está punteada por manchas de sangre.

La singularidad de la Sindone es precisamente esta huella, misteriosamente dejada por el cadáver al que envolvía. De hecho, no sorprenden las manchas de sangre, sino los rasgos humanos impresos en la tela de manera inexplicable.

Lo que lo cambió todo: la fotografía

Podemos decir que el inicio de las investigaciones científicas sobre la Sindone se remonta a la primera fotografía hecha a la reliquia en 1898. El negativo reveló la inversión del claroscuro en la huella corpórea, haciendo que aparecieran todos sus detalles.

Son evidentes en la Sindone algunas zonas rojas, cuyo aspecto corresponde a los caracteres de las manchas de sangre en la tela: se trata de verdadera sangre humana del grupo AB. Para tener un calco de la sangre como el que se observa en la Sindone el cuerpo debe haber estado envuelto en la sábana durante aproximadamente 36 horas. En este tiempo tuvo un papel importante la fibrinolisis, que provocó la descomposición de los coágulos.

Sigue siendo inexplicable cómo se ha interrumpido el contacto entre el cuerpo y el tejido sin alterar los calcos que se habían formado.

En la Sindone se han identificado algunas partículas de aloe y mirra, sobre todo en las zonas manchadas de sangre. Se han hallado también partículas terrosas en las zonas correspondientes a la punta de la nariz y la rodilla izquierda.

Material terroso: aragonita, como en Jerusalén

En otras muestras de material terroso extraídas de la Sindone en correspondencia con los pies se ha individuado aragonita con impurezas similares a las de la aragonita hallada en las cuevas de Jerusalén.

Sigue siendo un enigma la formación de la imagen de la Sindone. Su color, amarillo translucido, no es debido a ninguna sustancia añadida a los hilos: son los propios hilos los que están amarillentos. Bajo las manchas de sangre no existe imagen del cuerpo; la sangre, que se depositó la primera en la tela, creó una pantalla sobre la zona que está por debajo mientras, sucesivamente, se formaba la imagen.

Entre las posibles causas de su formación se han excluido la pintura, la quemadura, los ácidos, la vaporigrafía, el contacto. Sólo se obtienen sus peculiares características con una radiación ultravioleta.

Es científicamente cierto que la Sindone ha envuelto verdaderamente el cadáver de un hombre martirizado: su cuerpo fue cruelmente flagelado; su cabeza presenta numerosas heridas provocadas por un conjunto de objetos puntiagudos: un casco de espinas; sus hombros están marcados por una huella oblicua dejada por el patibulum, el madero horizontal de la cruz; sus rodillas han chocado con superficies rugosas y accidentadas; su rostro presenta numerosas tumefacciones causadas por los golpes recibidos y los impactos con el terreno durante las caídas; sus muñecas y pies fueron traspasados por clavos; su costado fue atravesado por una lanza; su cuerpo, descolgado de la cruz, desnudo y sin lavar, fue depositado en una sábana larga que entró en contacto con la parte dorsal y que, pasando sobre la cabeza, cubrió toda la parte frontal hasta los pies.

La comparación con los relatos de los Evangelios se ha revelado como una valiosa ayuda para la identificación del Hombre de la Sindone: efectivamente, todo coincide con la crucifixión y la muerte de Jesús.

(Traducción del italiano de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

Written by Rafael de la Piedra