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Un gesto de humanidad en medio de la guerra

La gratitud de un pueblo italiano hacia dos pilotos de Estados Unidos que eligieron morir para salvar la vida de decenas de civiles inocentes. Los que han oído la historia de los Focolares, frecuentemente han oído hablar de los insistentes bombardeos a los que estaba sometida por los aliados la ciudad de Trento y sus alrededores.

https://es.aleteia.org/2017/09/26/un-gesto-de-humanidad-en-medio-de-la-guerra/

Lo que quizás desconocen es la razón de ataques tan insistentes, hasta 11 alarmas aéreas por día. El motivo es que por la ciudad de Trento pasaba la vena yugular de las líneas de abastecimiento de las tropas nazis que ocupaban el territorio, proveniente de Alemania, pasando por Austria que era parte del Tercer Reich. El valle de Trento seguía en dirección norte, desembocando en Austria por el paso del Brenero por intermedio de una cómoda carretera y una red de vías férreas. Bombardear esa infraestructura, por otro lado, relativamente fácil de reparar por los destacamentos de ingenieros nazis, era esencial para frenar la llegada de refuerzos y de armamento.

A cargo de los bombardeos estaban sobre todo los ingleses, pero también participaban formaciones estadounidenses. Y, como a menudo ocurre en la guerra, al horror se alternan gestos de gran humanidad, como el sacrificio realizado por dos pilotos estadounidenses el 6 de febrero de 1945.

Ese día, una formación de 16 bombarderos despegada desde la isla de Córcega participaba de una misión que debía como primer objetivo atacar el nudo ferroviario de Rovereto, a unos kilómetros de Trento. Eran las 13:00 cuando la formación llegó a emprender la carrera final hacia su objetivo. En ese momento, al norte de Rovereto entraron en acción las baterías antiaéreas alemanas.

La formación se rompió y algunos bombarderos fueron impactados. El tercer avión recibió daños en su ala derecha. La situación se fue agravando momento tras momento para los siete jóvenes tripulantes. El bombardero, que lleva el nombre Maybe (quizás, en inglés), perdió altura mientras sobrevolaba el valle de Gresta. No había podido lanzar su cargamento de bombas y eso lo hace más pesado. En estos casos, el protocolo prevé lanzar la carga explosiva precisamente para retomar altura. Sin embargo, en esos últimos segundos el avión justo estaba sobre el pueblo de Ronzo Chienis. Lanzar las bombas significaría, por tanto, determinar la muerte de muchos civiles, relata la periodista Patrizia Belli en un artículo publicado recientemente en el diario local “Trentino”.

En cuestión de segundos, piloto y copiloto tomaron entonces otra decisión: el comandante dio la orden a los otros cinco tripulantes de lanzarse en paracaídas, lo que les permitió salvarse. Los tripulantes sobrevivientes contarán que tocaron tierra casi al tiempo en que se desplegó su paracaídas. Para su comandante y el copiloto, en cambio, ya era demasiado tarde, el avión ya no logró recuperar altura: Earl Howard Remmel y su vice Leslie Thomas Speer murieron al estrellarse el bombardero en la ladera del cerro Brugnolo.

Durante tantos años, la gente de Ronzo Chienis mantuvo vivo un sentimiento de gratitud hacia los pilotos que posiblemente evitaron la muerte de toda una generación de habitantes del pueblo. Desde entonces la vecinos recuerdan ese gesto heroico periódicamente, quizás olvidado en los propios Estados Unidos, y este año se decidió dedicar a los dos aviadores un parque ciudadano. Un verdadero deber de la memoria, en palabras de la intendenta Piera Benedetti, recogidas por Belli, ante un gesto humanitario florecido en el horror de la guerra. Son por tanto atinadas las palabras de la escritora Emily Dickinson citadas en el evento celebrado para recordar este episodio: “Nunca sabemos que tan altos somos, hasta que no nos piden levantarnos y, en ese momento, nuestras alturas tocan los cielos”.

Este artículo ha sido originalmente publicado en la revista Ciudad Nueva

 

Written by Rafael de la Piedra