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Era pandillero y en la cárcel le habló a Dios: allí ha sido ordenado y ahora será el capellán

 

La prensa mexicana ha recogido con asombro la historia de Gabriel Everardo Zul Mejía, un sacerdote recién ordenado, que hace historia al ser el único ordenado ¡dentro de una prisión!  Dice que con la generosidad de los presos aprendió las obras de misericordia.

https://www.religionenlibertad.com/personajes/501022160/Era-pandillero-y-en-la-carcel-le-hablo-a-Dios-alli-ha-sido-ordenado-y-ahora-sera-el-capellan.html

Ahora ya es el padre Gabriel, de 36 años de edad. Pero hace unos años era un pandillero implicado en conflictos y peleas y pasó tiempo internado en instituciones penitenciarias.

Nacido en Monterrey, Nuevo León (México), se involucró en unos conflictos violentos entre bandas juveniles que le llevaron a ser detenido y encarcelado en el Penal de Topo Chico, Nuevo León. Y fue precisamente allí, en la zona llamada “Observación”, donde encontró a Dios y su vida cambió.

Hablando con Dios

“Una noche –explica Gabriel en un testimonio difundido por la Arquidiócesis de Monterrey– mientras miraba hacia el cielo, le decía a Dios: ‘No te conozco, pero sé que no me vas a dejar aquí’. Y otra cosa que le dije, fue: ‘¡Estoy tan cerca, y tan lejos de mi casa!’. Siempre he dicho que Dios escuchó lo que le expresé, pero también escuchó las oraciones de mi madre y de la Iglesia, que ora en todo momento por los jóvenes que se encuentran perdidos en la vida”.

Hoy dice que su tiempo privado de libertad le ayudó a encontrarse consigo mismo, valorar a sus padres y todo lo que tenía en casa. Y a encontrar la libertad auténtica, interior, espiritual.

Cuando los otros presos ejercen la misericordia

Hoy, cuando habla de las obras de misericordia, recuerda los gestos de ayuda que hicieron presos veteranos con él, cuando era preso novato.

“Los hermanos internos que conocí, me cuidaron, me brindaron unas monedas para comprar unos desechables, y me dieron algunos consejos, como el de no reunirme con personas que me podían afectar más dentro del penal. Ellos fueron los que en un primer momento me enseñaron lo que ahora conozco como obras de misericordia, y en ellos descubrí el amor de Dios ya que, sin conocerme, me brindaron un gran apoyo en los días en que estuve en prisión”.

Una vez en libertad, vivió un tiempo en casa de sus padres, hasta que decidió responder al llamado que Dios le hacía a la vida sacerdotal. Así, el pasado 27 de julio, después de diez años de estudios, finalmente fue ordenado por el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera.

Y la ceremonia no fue en una catedral o parroquia: fue en el Centro de Reinserción Social de Apodaca. Allí Gabriel será capellán, y ningún preso podrá decirle: “padre, usted no sabe lo que es la cárcel” ni “padre, usted no sabe lo que son las pandillas”.DjKWhZIVsAAoQ1o

 

Las 3 cosas que pide el obispo

Al presidir la ordenación sacerdotal, el obispo Rogelio le pidió tres cosas específicas a su nuevo sacerdote: mirar lejos y con esperanza, amar sin exclusiones y celebrar la Eucaristía. “Ánimo, Gabriel –le dijo– Dios pone en tus manos tesoros inimaginables”.

En esa ceremonia especial estuvieron presentes familiares, amigos, internos y, por supuesto, sus padres: Andrés Zul Belmares, de 70 años, y Magdalena Mejía Bernal, de 67. Al término de la celebración, el nuevo presbítero repartió biblias y rosarios a los internos. Él querría que todos pudieran encontrarse con Dios y esa fuerza que libera el alma, como a él le pasó.

Written by Rafael de la Piedra