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La Tierra Media y Semana Santa

En la gran literatura legendaria ocupa un lugar notable la del antiguo norte europeo, expresión de pueblos guerreros forjados por su implacable entorno natural. Llega a nosotros principalmente a través de las Eddas de Finlandia, descubiertas en el siglo XVII; y del poema en inglés antiguo Beowulf, publicado apenas a inicios del siglo XIX. Ambos marcaron el inicio de un gusto totalmente nuevo en la literatura e influyeron notablemente en Tolkien y C.S. Lewis. Como Lewis descubrió, transportan repentinamente al lector a “algo indescriptible, vasto, severo, frío y remoto”.

El episodio culminante de estos relatos es la gran batalla del fin del mundo o Rágnarök (lit. “el destino de los dioses”). En una fecha desconocida para la cual siempre hay que estar preparados, tras tres años de invierno, dioses y hombres marcharán para enfrentarse a una fuerza invencible de monstruos y gigantes que, finalmente, los derrotará. Es inevitable. Está preestablecido. Pero es ante esta derrota segura que “el espíritu del norte” manifestará toda su grandeza: desesperanzada, sin duda, pero tenaz y desafiante en la lucha hasta el final. Es un espíritu guerrero, también despiadado, al que Tolkien purifica de sus excesos para integrarlo en su saga de fondo cristiano.

En el Señor de los Anillos se manifiesta en varios momentos. Por  ejemplo, durante la peor parte de la batalla por Minas Tirith, cuando incluso Gandalf parece vencido y, repentinamente, suenan los “cuernos del norte” que anuncian la llegada del antiguo mundo de Róhan, dispuesto a luchar hasta la muerte al lado del nuevo mundo civilizado de Góndor, contra enemigos, a toda vista, insuperables.

Tolkien estaba convencido que los grandes relatos legendarios no son simples ejercicios de la imaginación, sino auténticas búsquedas, con todos sus límites, de la verdad y el sentido de la vida, a través de las cuales Dios hablaba a nuestros antepasados antes del desarrollo de la ciencia y la filosofía. Por ello, encuentran su sentido pleno en el único gran relato que es, también, historia humana: el Evangelio.

Allí, vemos a Jesús que va decididamente a Su Pasión, sabiendo que, en términos humanos, será una total derrota. Es, de hecho, la parte de Su vida en la que más se detienen los evangelistas. La salvación no vendrá de los hombres: los intereses del Sanedrín, los cálculos de Pilato y la volatilidad de la multitud sellan Su suerte. Pero es en Su derrota humana que Jesús vence los bienes pasajeros absolutizados que esclavizan al Sanedrín, a Pilato y a la multitud en su ilusoria victoria. Exclamando “toma tu cruz y sígueme” nos abre la puerta a “la libertad de los hijos de Dios” y las Bienaventuranzas, incluso – especialmente – en las derrotas mundanas en las que perdemos el mundo para ganar a Dios.

 

Para este escrito me baso en el excelente artículo “Tolkien and ‘that noble northern spirit” de Tom Shippey en Tolkien: Maker of Middle Earth, Bodleian Library, Oxford, 2018.

Written by Edy Nelson Rodriguez Morel de la Prada

Teólogo, filósofo y Conductor de EWTN radio y televisión.