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“Oblivion” y “Los últimos días”, muy buena ciencia ficción: con la vida, la familia y contra el miedo Oblivion-poster-tom-cruise-600×399 Full view

“Oblivion” y “Los últimos días”, muy buena ciencia ficción: con la vida, la familia y contra el miedo

Una Barcelona inolvidable, que es depurada de su pecado, y una gran producción de Hollywood coinciden en su diagnóstico: el amor, la familia, los hijos salvarán el mundo.

Por: Pablo J. Ginés

Coinciden en cartelera estos días en España dos magníficas películas de ciencia ficción, la norteamericana “Oblivion” y la catalana (ambientada en Barcelona) “Los últimos días”. No cabe duda de que los responsables de sendas películas no se conocen entre sí, ni se han estado espiando, y sin embargo ambas parecen beber de la misma inquietud, y llegar a similares conclusiones. Los poetas de nuestra era, los narradores de historias atrevidas, parecen recibir susurros de la misma musa.

“Oblivion” está basada en una novela gráfica (cómic de gran calidad), cuenta con el dinero generoso de Hollywood y tiene a Tom Cruise como protagonista. Desde el principio se observa que pasa algo raro: para empezar, en los tres primeros minutos te lo cuentan todo, con su desastre cósmico que dejó destrozado el planeta y sus bombas atómicas que contaminaron el resto. ¿Qué queda por explicar en el resto de la película?

Pues que las cosas no son lo que parecen, algo que el espectador sospecha en cuanto le dicen que a los protagonistas les borran la memoria “por su propio bien”, para cumplir su misión. Pero aún así, uno de ellos recuerda otra vida. ¡Platón tiene razón! Lo que ves no es todo lo que hay.

“Oblivion” homenajea clásicos como “La fuga de Logan” (con su zona prohibida), “2001 Odisea del Espacio” (su inteligencia artifical con ojo rojo, que recuerda a un Gran Hermano televisivo), “Star Wars” (carrera de vehículos en barrancos), a la más moderna “Hijos de los hombres” y, sobre todo, “Matrix”.

Como en Matrix, la máquina domina al hombre mediante el engaño.

Como en Matrix, el poder busca del hombre sólo cosechar y producir.

Como en Matrix, el hombre es un producto más: no es engendrado, sino fabricado.

Hay una escena profética (en el sentido de denuncia edificante y escandalizantes) análoga a la de Matrix: hombres repetidos (no hay imaginación en el mal, solo copias), almacenados, listos para usar, una alusión a nuestra civilización deshumanizadora, de fecundación in vitro, a los seres humanos congelados y fabricados; creados, no engendrados.

Todo es así porque el amo de los esclavos y de las mentiras llega a decir, impúdico, “yo soy tu dios”. Pero no lo es: solo es un tirano,un usurpador. San Pablo hablaba de nuestros enemigos, “las potencias de las regiones aéreas”, y Oblivion lo muestra.

Para vencer a la máquina, no bastará usar otra máquina: un hombre debe infiltrarse en el corazón de mal, sacrificarse, morir por los demás, y salvar a la humanidad. ¿Les suena? Siempre es así en las grandes historias, porque así fue en nuestra historia: ¡el Verbo se hizo carne!

No basta con la carne sin verbo: la Palabra debe estar ahí. Aquí está representada por los clásicos, por Horacio, por la poesía que recuerda a la antigua Roma. Eso es lo que convierte a un mero homínido, cuerpo material al servicio del poder, en un hombre: la cultura, el recuerdo del pasado, la Palabra…

Al final, los hijos permiten el reencuentro con la naturaleza y el equilibrio, el verde, el agua, la vida. ¡Los hijos engendrados, no producidos! Y el amor implica redescubrir a la auténtica esposa. ¡La auténtica, no la aparente!

En “Los últimos días” se abordan temas muy similares. También “Los últimos días” acaba con una respuesta: los males de esta generación, atrapada en su trabajo, en sus ritmos, en su materialidad y sus ordenadores, sólo pueden redimirse en la siguiente generación, es decir, en los hijos, que son los que encuentran la armonía con la naturaleza. El final es similar al de “Oblivion”, más impactante por transcurrir en una Barcelona tomada por la vegetación: ¡en plena Vía Layetana!

El trailer lo deja claro: una epidemia extraña hace que toda la humanidad desarrolle agorafobia; quien trata de salir a la calle, sufre un ataque al corazón de puro pánico.

Pero, ¿acaso el miedo no estaba ya allí antes? ¿Miedo a qué? Para empezar, ¡a tener hijos! Marc vive con su novia, y ella quiere tener hijos, pero él lo aplaza indefinidamente, siempre con una excusa u otra.

Confesará la verdad en la iglesia, ¡por supuesto!, bajo un gran Cristo, devorando una bestia que ha cazado con su lanza: tenía miedo a no poder dar “protección”, a crecer… Solo en la iglesia es posible matar a la bestia y convertirse en un verdadero guerrero de la luz.

Al final, él, que “tenía miedo”, al final deberá dejar que la nueva generación salga a la vegetación: ha de ser así.

Todas las bromas sobre “quedarse a dormir en el trabajo”, “no tener vida propia”, “no salir nunca a ver el mundo”… adquieren en esta película una plasmación potente y real. Así, la agorafobia ilustra nuestra vida cotidiana. También ilustra el terror del hombre moderno, consumista, a lo grande, a la luz, al deseo amplio: la preferencia a quedarse encerrado en lo conocido, el trabajo, lo material…

El miedo al cielo es símbolo de miedo al Cielo.

De nuevo, es Platón, pero invertido: los hombres no solo vuelven a la cavernas a cazar osos, sino que vuelven a las cavernas a hacer sombras, y se niegan (ya son incapaces) de mirar al exterior, a la luz de fuera.

Como añadido, los que conocen Barcelona disfrutarán porque es nuestra Barcelona, pero transformada por la magia de la ciencia ficción, el sentido de la maravilla, el “qué pasaría sí”, el “extraño pero no demasiado extraño”… El ciervo ante el Arco de Triunfo, la Diagonal sin coches, las estaciones de metro… Ya nadie verá con los mismos ojos el transbordo de Sants Estació, Verdaguer, o el templo al consumo lujoso y pomposo que es Gran Via 2 en L’Hospitalet, reconvertido en una guerra de tribus.

De esta película se dice el gran elogio que resuena cada vez más en el cine español, sobre todo el de género fantástico y terror inteligente: “¡es muy buena, no parece española!” Pues eso. Debería circular y venderse por todo el mundo, la película es una gran embajadora de Barcelona, de su gente, y del cine español.

Confesión bajo la Cruz, acogida del hijo, no temer la vida, buscar a la verdadera esposa, a la amada con la que fundar una familia, crear así un futuro… esas son las enseñanzas de “Oblivion” y de “Los últimos días”. El varón debe sacrificarse por la Esposa, “como Cristo amó a la Iglesia” (se recuerda en las lecturas de las bodas), y ella ser madre y motivo de superación. La Máquina y el miedo serán así vencidos.

Written by Razones para creer

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